Política
¿De espaldas y con cara de asco?

Más incómodo que cagar con campera: Bullrich le torció el brazo a Karina y la obligó a posar en una foto

La interna más tóxica del Gobierno: Karina tragó saliva, llamó a Bullrich y posó fingiendo amor eterno. (Dibujo: NOVA)

El Gobierno volvió a recurrir a uno de sus recursos favoritos cuando las peleas internas se vuelven imposibles de disimular. En medio de una fuerte disputa por el pliego de María Verónica Michelli, cuñada del periodista Hugo Alconada Mon, Karina Milei y Patricia Bullrich protagonizaron una foto de unidad que buscó transmitir normalidad donde cada vez queda menos margen para fingirla.

La escena dejó una imagen poco habitual para el esquema de poder libertario. La hermana presidencial, acostumbrada a imponer condiciones dentro del oficialismo y a ejecutar castigos políticos sin demasiadas resistencias, apareció obligada a tender puentes con una dirigente que decidió desafiarla en público y sobrevivió para contarlo.

Bullrich ya había incomodado al círculo más cerrado de los Milei cuando reclamó públicamente la declaración jurada de Manuel Adorni. Esta vez fue más lejos. Respaldó el pliego de Michelli, cuestionó la decisión de retirarlo y hasta dejó trascender que habló directamente con el presidemente Javier Milei para defender su posición. Una jugada que, en cualquier otro despacho libertario, suele terminar con exilio político, ostracismo partidario o alguna condena dictada desde el despacho de la secretaria general.

El problema para Karina es que Bullrich no es un funcionario descartable ni un dirigente sin volumen propio. La ministra conserva estructura, presencia pública y un nivel de conocimiento que la convierte en una pieza incómoda para quienes sueñan con un oficialismo manejado exclusivamente por el apellido Milei. Cuando alguien tiene votos propios, las órdenes dejan de sonar tan contundentes.

La necesidad de mostrar una reconciliación también revela otra dificultad del gobierno. Cada vez que una interna amenaza con escapar del control familiar, aparece una foto protocolar que promete paz eterna. Pasó con Victoria Villarruel, pasó con Guillermo Francos, pasó con Santiago Caputo y ahora pasó con Bullrich. El problema es que la colección de retratos crece al mismo ritmo que los conflictos que supuestamente venían a resolver.

Ni siquiera la estética ayudó demasiado. Bullrich apareció de espaldas, casi como una invitada accidental de una reunión organizada para consumo interno. Y la respuesta de la ministra tampoco pareció escrita por alguien dispuesto a reconocer jefaturas paralelas. Al destacar que trabaja por las transformaciones que lidera el presidemente, dejó un mensaje que en la Casa Rosada seguramente entendieron sin necesidad de subtítulos.

Mientras Javier Milei sigue vendiendo la imagen de un gobierno monolítico que avanza sin fisuras, la realidad muestra una administración donde las disputas de poder ya no pueden esconderse detrás de un tuit amistoso. La foto salió bien. La interna, bastante menos.

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