VIDEO | La catadora Bullrich acelera la salida de Ladroni y le exige que justifique los dólares en negro de sus negocios
La convivencia libertaria sumó otro capítulo de esa extraña mezcla entre reality político y consorcio premium cuando Patricia Bullrich salió a exigirle públicamente a Manuel Adorni que presente de inmediato su declaración jurada. El pedido no cayó en cualquier momento.
Llegó justo después de que empezaran a circular detalles sobre gastos millonarios imposibles de acomodar con un salario estatal de poco más de tres millones de pesos mensuales. En cualquier otro gobierno esto sería un problema político serio. En el ecosistema Javier Milei apenas parece una discusión administrativa entre compañeros de elenco.
"Patricia Bullrich":
— ¿Por qué es tendencia? (@porquetendencia) May 6, 2026
Por sus comentarios sobre la declaración de bienes de Manuel Adorni pic.twitter.com/PQzgME2yWO
Bullrich decidió romper el tono amigable que el oficialismo había montado la semana pasada en el Congreso, donde todos actuaban como si el gabinete fuera una gran familia ensamblada por la meritocracia y los posteos motivacionales.
La ministra, que conoce el olor a operación desde antes de que los libertarios descubrieran Twitter, entendió rápido que el tema Adorni ya dejó de ser un ruido pasajero. Cuando un contratista declara ante la Justicia que cobró 245 mil dólares en negro por refacciones en un country, la explicación de “casta eran los otros” empieza a sonar como un chiste contado por el propio gobierno.
Lo más incómodo para Milei no es solamente la sospecha sobre el patrimonio del ex vocero. El problema real es que Patricia empezó a hablar como si estuviera administrando la transición de un gobierno ajeno. Sin consultar ni a Milei ni a Karina Milei, salió a ordenar públicamente al gabinete y hasta marcó plazos para que Adorni entregue los papeles.
Una escena bastante curiosa para una gestión que vive predicando autoridad presidencial mientras los ministros se manejan como punteros buscando quedarse con el local partidario antes de que cierre la persiana.
Bullrich incluso deslizó que presentar la declaración jurada es algo “bastante fácil” si ya existe la del año anterior. Traducido del idioma político argentino al castellano cotidiano, la frase sonó a “dejá de dar vueltas y mostrá de dónde salió la guita”. No hizo falta mucho más.
En un gobierno que convirtió la épica anticasta en merchandising oficial, el simple hecho de tener que explicar gastos cercanos a los 800 mil dólares ya destruye buena parte del personaje.
Mientras tanto, Karina Milei habría aceptado correr a Adorni, aunque todavía no aparece un reemplazante claro. Otro síntoma de un gobierno que llegó prometiendo eficiencia suiza y termina improvisando nombres como un club de barrio buscando técnico después de perder cinco partidos seguidos.
La administración libertaria pasa más tiempo acomodando internas, filtrando operaciones y apagando incendios patrimoniales que gobernando. Y eso que todavía siguen hablando de “la nueva política” con la solemnidad de un vendedor de herbalife.
En el fondo, el escándalo deja una escena bastante argentina. Milei pasó meses vendiendo austeridad con tono de profeta bíblico, mientras alrededor suyo empezaron a florecer funcionarios con estilos de vida difíciles de explicar incluso para un gerente petrolero.
La revolución libertaria terminó chocando con el trámite más viejo de la política nacional. Mostrar los números sin que aparezca un agujero negro entre el sueldo y la mansión.








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