Política
Salió cara la jodita libertaria

El presidemente hasta las bolas: la mayoria de los argentinos lo odian y sus propios hinchas lo ven como un traidor

Javier Milei sonríe mientras las encuestas le empiezan a hacer la misma pregunta que él les hacía a “la casta”. ¿Y ahora quién se hace cargo del desastre?
El libertario que prometía arrasar con la política ahora no logra convencer ni a sus propios votantes.
El libertario que prometía arrasar con la política ahora no logra convencer ni a sus propios votantes.
Del “fenómeno barrial” al desgaste acelerado, el Presidente empieza a parecerse a esos técnicos que duran un campeonato.
Del “fenómeno barrial” al desgaste acelerado, el Presidente empieza a parecerse a esos técnicos que duran un campeonato.

Los últimos estudios de opinión que llegaron a la Casa Rosada cayeron como una boleta de gas en jubilado con estufa eléctrica. El presidemente Javier Milei atraviesa el peor momento de imagen desde que aterrizó en el poder envuelto en promesas de motosierra, épica anti Estado y una estética de cruzado digital que ya empieza a parecer más un programa de panelismo permanente que un proyecto de gobierno serio. El problema para el presidemente es que la bronca dejó de venir solamente desde enfrente. Ahora también le golpea la puerta desde adentro de su propia tribuna.

Las mediciones de Atlas Intel para Bloomberg, Management & Fit y especialmente el último trabajo de Zuban Córdoba muestran una tendencia que en el oficialismo intentan maquillar con memes y actos militantes llenos de celulares levantados. La desaprobación de Milei ya supera cómodamente el 60 por ciento en algunos relevamientos y el dato más venenoso aparece entre quienes lo votaron en 2023.

Más del 40 por ciento de esos electores asegura sentirse defraudado por el experimento libertario. Un número que, para cualquier gobierno, equivale a escuchar cómo se aflojan los tornillos de la propia base electoral.

En la Rosada todavía quedan funcionarios que hablan como si estuvieran ganando por nocaut mientras las encuestas muestran otra película. Milei sigue actuando como comentarista de sí mismo, peleándose con economistas, periodistas, artistas, gobernadores y hasta con vicepresidentes imaginarios, pero la inflación emocional del personaje ya empezó a cansar incluso a quienes compraron el combo completo del “outsider que venía a dinamitar todo”.

Gobernar a puro enojo termina teniendo el mismo efecto que un vecino que pone la alarma de la moto a las tres de la mañana. Al principio llama la atención. Después, solo rompe las pelotas.

El estudio de Zuban Córdoba marca además que más del 71 por ciento de los consultados cree que hace falta un cambio de gobierno. El dato perfora especialmente entre las mujeres, donde el rechazo escala todavía más arriba. Ahí aparece uno de los grandes problemas del mileísmo.

La narrativa del macho alfa antisistema puede servir para clips de redes o auditorios llenos de varones furiosos con la AFIP, pero afuera de esa burbuja el personaje empieza a verse menos como un líder disruptivo y más como un tipo permanentemente pasado de rosca.

Mientras tanto, el famoso “triángulo de hierro” libertario ya parece un consorcio peleado por expensas. Karina Milei carga con niveles altísimos de imagen negativa y Manuel Adorni directamente se convirtió en un yunque electoral. El ex vocero, que pasó de recitar chicanas en conferencias a quedar envuelto en cuestionamientos patrimoniales, supera el 70 por ciento de rechazo.

Un logro notable para alguien cuya tarea principal consistía en hablar frente a un atril y sonreír sobrando periodistas. En términos políticos, Adorni ya pesa más que un sommier mojado colgado del cuello presidencial.

Para completar el cuadro, los nombres que mejor aparecen posicionados en intención de voto son Axel Kicillof y Sergio Massa. Sí, el mismo Massa al que el mileísmo convirtió durante meses en el villano definitivo de la Argentina decadente hoy vuelve a figurar competitivo en escenarios electorales. Un detalle que debería preocupar bastante a un gobierno que llegó prometiendo barrer con toda la dirigencia tradicional y dos años después termina revitalizando a varios de sus viejos enemigos.

Lo más delicado para Milei no es solamente el deterioro de imagen. Es la sensación de agotamiento prematuro. El presidemente todavía conserva núcleo duro, capacidad de ruido y presencia mediática constante, pero el envase de rockstar antisistema empieza a mostrar el desgaste típico de las modas políticas argentinas que envejecen rápido.

En un país donde los salvadores duran menos que un ministro de Economía, el libertario corre el riesgo de terminar atrapado en algo peor que la oposición. La costumbre.

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