VIDEO | Ante la tormenta global, Argentina queda en bolas: los ajustadores seriales siguen ignorando el golpe económico
La escalada bélica en Medio Oriente, marcada por el bloqueo intermitente del estratégico Estrecho de Ormuz y los ataques cruzados entre Irán e Israel, ha desatado un shock energético y logístico de proporciones históricas. Con el precio del barril de petróleo superando la barrera de los 110 dólares y acumulando un alza del 51,3 por ciento desde fines de febrero, el comercio exterior global enfrenta un escenario de fletes más caros, tiempos de tránsito extendidos y cadenas de suministro dislocadas.
En este contexto de turbulencia internacional, Argentina se encuentra ante un complejo tablero de doble filo: por un lado, sufre el impacto directo de la inflación logística en su matriz productiva; por el otro, asoman oportunidades estratégicas ineludibles vinculadas a Vaca Muerta y la relocalización de proveedores.
Martin Rapetti, economista y director de la consultora Equilibra, habló en #NoSomosNadie sobre los coletazos de la guerra de Medio Oriente en la economía argentina y las previsiones en cuestión de inflación para los próximos meses.
— NOW 97.9 FM (@979Now) March 17, 2026
"La economía de ahora está en estanflación. Si… pic.twitter.com/rFAgv1USs4
El conflicto geopolítico ha paralizado una arteria vital para la economía mundial. Por el Estrecho de Ormuz transita aproximadamente el 20 por ciento del petróleo global, lo que convierte cualquier alteración en esa ruta en un sismo inmediato para los mercados. Ante la amenaza de ataques a buques comerciales y petroleros, las principales navieras internacionales han optado por suspender operaciones o desviar sus rutas. Esta decisión operativa no solo añade semanas de demora a los tiempos de tránsito, sino que ha disparado los costos de los seguros marítimos por "riesgo de guerra" y ha encarecido los fletes internacionales entre un 30 por ciento y un 50 por ciento .
El impacto más severo de esta disrupción recae sobre el mercado energético, desencadenando el mayor shock de oferta en décadas. El salto abrupto en la cotización del crudo Brent se ha trasladado de forma inmediata a los costos de transporte en todas sus modalidades: marítimo, aéreo y terrestre.
Los fletes de carga aérea general han experimentado incrementos de hasta un 95 por ciento en rutas específicas durante el primer bimestre del conflicto. Este encarecimiento generalizado de la logística frena el dinamismo de las importaciones en múltiples economías, genera faltantes de insumos industriales críticos y alimenta un riesgo palpable de recesión global, escenario donde los países emergentes resultan ser los más vulnerables frente a la eventual salida de capitales.
La presión sobre el campo y los importadores
Aunque Argentina se encuentra geográficamente distante del Golfo Pérsico, el conflicto impacta de lleno en su economía. El principal vector de contagio es el aumento de los costos logísticos internacionales, que golpea directamente a los importadores de bienes de capital, insumos electrónicos y a las complejas cadenas de suministro industriales. Los fletes de importación y exportación más caros erosionan la competitividad del país en los mercados externos y encarecen los productos importados en el mercado interno.
En este complejo escenario de comercio exterior, la opinión de los expertos logísticos resulta clave. Gabriel Salomón, director comercial de Jidoka -empresa especializada en logística y comercio exterior-, advierte que el comercio internacional está atravesando una "transformación estructural". Según el especialista, en el actual panorama global y local, la rentabilidad ya no reside únicamente en la capacidad operativa de "traer mercadería", sino en una evaluación precisa de los costos y una adaptación ágil a los cambios normativos y geopolíticos.
A nivel doméstico, la presión inflacionaria importada se hace sentir con fuerza. El aumento del petróleo internacional impulsó el precio de los combustibles en los surtidores locales. A pesar de las medidas de contención implementadas por el Gobierno nacional, la nafta y el gasoil acumulan un aumento promedio del 25 por ciento en las últimas semanas. Por primera vez, el litro de combustible súper superó la barrera de los 2.000 pesos en gran parte del país.
Este incremento del gasoil, insumo crítico para la actividad agropecuaria, ya está alterando la ecuación económica de la cosecha gruesa en marcha. Según estimaciones del sector, el combustible representa alrededor del 15 por ciento del costo de cosecha y un tercio del costo del transporte automotor de cargas. Con las subas recientes, el encarecimiento del gasoil implica un aumento estimado del 3,3 por ciento en los costos de cosecha y eleva entre un 6 y un 7 por ciento los fletes agrícolas.
"En un país donde la distancia a los puertos define buena parte de la competitividad, el conflicto externo vuelve a poner a la logística en el centro de la escena”, alerta Salomón.
La distancia a las terminales portuarias se consolida como un factor crítico. Para un productor ubicado a 300 kilómetros del puerto, la incidencia del flete en el valor final de la tonelada de soja subió del 11 al 12 por ciento, mientras que en el maíz trepó del 20 al 21 por ciento.
Adicionalmente, el campo enfrenta otro frente de tormenta: los fertilizantes. La urea, un derivado del gas fundamental para la producción de trigo, experimentó un aumento superior al 42 por ciento en el mercado local. Argentina importa entre un 30 y un 40 por ciento de este insumo clave desde la región del Golfo Pérsico, y se estima que cerca del 35 por ciento del volumen importado transita precisamente por el conflictivo Estrecho de Ormuz. Esta suba de costos amenaza con incrementar entre un 9,5 y un 11 por ciento el costo de producción de la próxima campaña triguera.
Por otra parte, el deterioro del balance energético nacional representa un riesgo macroeconómico latente. Si bien Argentina avanza hacia el autoabastecimiento, aún requiere importar energía en picos de demanda estacional. Con los precios internacionales en alza, estas importaciones exigen una mayor salida de divisas, sumando presión sobre el mercado cambiario local.
Paradójicamente, la crisis global también configura un escenario de oportunidades estratégicas para Argentina. La inestabilidad en Medio Oriente ha acelerado la necesidad global de diversificar las fuentes de suministro energético, otorgándole un valor geopolítico incalculable a Vaca Muerta.
El desarrollo del yacimiento no convencional en Neuquén, que viene impulsando récords de producción petrolera a nivel nacional, se posiciona como un activo clave frente a la demanda internacional.
Las obras de infraestructura en curso, como las proyectadas en las costas patagónicas del golfo San Matías para la exportación de gas y crudo, cobran una relevancia fundamental. Aunque el sector requiere inversiones estimadas en 22.000 millones de dólares para sostener el salto exportador, los actuales precios internacionales de la energía ofrecen un incentivo inmejorable para atraer esos capitales y consolidar a Argentina como un proveedor energético confiable a nivel global.
Asimismo, la energía cara a nivel global históricamente empuja al alza los precios de los commodities agrícolas. Si bien los costos internos de producción y logística han aumentado, la eventual mejora en los precios internacionales de exportación de granos y derivados podría compensar parcialmente el impacto negativo en la rentabilidad del sector agroexportador.
Finalmente, la disrupción de las cadenas de suministro marítimas potencia la tendencia global del nearshoring (relocalización de cadenas productivas). Las empresas multinacionales, buscando mitigar los riesgos de depender de proveedores lejanos y rutas vulnerables, miran cada vez más hacia América Latina. Este fenómeno abre una ventana de oportunidad concreta para que las pymes argentinas se integren como proveedoras regionales más seguras y cercanas a los grandes centros de consumo del continente.








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