Política
Le cerraron la cola al "roscafloja"

¡Adeeeentro! Villarruel se la mandó sin vaselina a Petri y le recordó "sus cosplays y trencitos de la alegría" con Milei

La vicepresidente Victoria Villarruel respondió categóricamente a las críticas del "homosensual" Luis Petri, ex ministro de Defensa y actual diputado.

En el maravilloso mundo donde usar el celular es casi un golpe de Estado y abrir el Senado equivale a dinamitar la República, el diputado y ex ministro de Defensa libertario, Luis “Roscafloja” Petri, decidió señalar con el dedo a la vicepresidente Victoria Villarruel por el aberrante hecho de haber cumplido con su rol institucional en vez de pasar por encima de la Constitución y bloquear el Congreso para favorecer al prescindente Javier “Jamoncito” Milei.

Sí, leyó bien. El pecado capital de Villarruel fue presidir la Asamblea Legislativa, como indica la Constitución y habilitar el funcionamiento del Senado. ¿Cuál es el problema entonces? Pues que el niño encerrado en cuerpo de adulto que nos gobierna no quería que hubiera debate legislativo porque tenía las de perder.

Hubiera sido un escándalo democrático sin precedentes si Villarruel, contrariamente a lo que hizo, decidía tener el Senado bajo llave.

Pero como parece que la grieta es cognitiva, a los libertarios los reglamentos y leyes fundamentales que determinan de qué manera se deben haber las cosas no les entran en la cabeza, por lo que en el universo mileísta, Villarruel se convirtió en una traidora por el simple hecho de poner la Constitución por encima del capricho presidencial.

En este marco, el ex ministro “colagolosa” Petri se mostró ofendido porque la vicepresidenta utilizó el teléfono durante el discurso del enano con papada y porque —horror de horrores— permitió que el Congreso trate proyectos que no llevan la estampita libertaria. Para Petri, eso sería “jugar para la oposición” y “apostar al fracaso del Gobierno”. En su versión de los hechos, la democracia funciona sólo si vota lo que le gusta al Ejecutivo. Si no, traición.

La acusación resulta tan novedosa como peligrosa: ahora resulta que respetar la división de poderes es golpismo soft. Petri incluso deslizó que el Presidente, cuando habló de quienes “se relamen por el sillón de Rivadavia”, aludía a su propia vice. Una interpretación libre que compite en imaginación con sus recordados “cosplays” institucionales.

Pero Villarruel no eligió el silencio zen. Desde redes sociales le respondió con bisturí y sin anestesia: recordó el “vacío” dejado en el IOSFA, la obra social de las Fuerzas Armadas, y apuntó directamente a la gestión que encabezó Petri en Defensa.

IOSFA: cosplay no paga prestaciones

El contrataque de Villarruel fue lapidario: “A Petri lo conozco por sus cosplays y por los trencitos de la alegría con el presidente Milei. Y por el vaciamiento de IOSFA y los sueldos más bajos de todas las fuerzas”, sintetizó. Una descripción breve que recuerda los días en que Milei y Petri fueron a Bahía Blanca disfrazados de militares tras el paso de un huracán para decirles “no hay plata, arréglense como puedan”, entre otros episodios similares.

El Instituto de Obra Social de las Fuerzas Armadas (IOSFA) arrastra una deuda millonaria —cifras que rondan los 200.000 millones de pesos—, denuncias de déficit estructural y reclamos de afiliados por prestaciones cortadas o demoradas. No es un invento de Twitter: existen informes, presentaciones judiciales y quejas formales de proveedores y beneficiarios que dan cuenta de un sistema financieramente asfixiado.

Villarruel fue directa: habló de “vaciamiento” y de cientos de miles de militares y familias afectados en los confines del país. Y más allá del tono picante, la pregunta es concreta: ¿qué pasó con las cuentas y la administración del IOSFA durante la gestión anterior? ¿Por qué la situación explotó? ¿Quién firmó qué?

Petri, en lugar de responder con números, auditorías y explicaciones detalladas, optó por el atajo retórico: “A vos te conozco por golpista”. El clásico manual del debate moderno: si no hay Excel, hay adjetivo.

¿Delito institucional o función constitucional?

El otro cargo contra Villarruel suena todavía más insólito: haber abierto el Senado para que se debatan leyes que “hieren el programa económico del Gobierno”. Traducido: permitir que el Poder Legislativo legisle.

En un sistema republicano, la vicepresidenta preside el Senado y debe habilitar su funcionamiento. No puede clausurarlo porque un sector considere que un proyecto es antipático. Pretender lo contrario implica una idea peculiar de la democracia: una donde el Parlamento es decorativo y la discrepancia es traición.

Que la vice utilice su teléfono durante un discurso podrá ser discutible en términos protocolares —si alguien quiere escandalizarse, adelante—, pero convertirlo en prueba de conspiración requiere una imaginación más fértil que los “trencitos de la alegría” que ella misma le atribuyó a Petri en su dardo viral.

En la Asamblea Legislativa el hielo se podía cortar con motosierra. El saludo entre Milei y Villarruel fue breve y distante, y la caminata al recinto dejó en claro que la armonía 2023 es historia. El oficialismo exhibe una interna que ya no se disimula ni con filtro sepia.

Mientras tanto, el diputado mendocino eligió elevar el tono. Quizás porque es más fácil cuestionar un gesto protocolar que explicar un rojo multimillonario en la obra social de los militares.

Villarruel, por su parte, dejó en claro que no piensa renunciar antes del 10 de diciembre de 2027 y que ejercerá su cargo “con honestidad”. Más allá de simpatías o antipatías, lo cierto es que hasta ahora su “falta” ha sido cumplir la Constitución.

Y si eso es golpismo, tal vez haya que revisar el diccionario. O al menos dejar los cosplays para la Comic-Con y traer los balances a la mesa.

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