VIDEO | De estatizador de YPF a aspirante comunista: el enano Kicillof usó la Legislatura para su futura candidatura
Axel Kicillof no inauguró solo el período legislativo: inauguró formalmente su campaña. La Legislatura bonaerense fue escenario, pero el destinatario no era La Plata sino el país entero. Cuando un gobernador repite “Argentina” más que “Provincia” y bautiza su discurso con un mantra tipo coaching político, “No sos vos, es Javier Milei”, ya no está gestionando, está midiendo el traje para la Casa Rosada.
El economista que supo estatizar YPF con épica de manual universitario ahora ensaya el papel de líder nacional. Habló de “disputa por el país”, de “modelo productivo”, de “alternativa federal”, de “tragedia económica”. Todo con tono presidencial. La apertura de sesiones fue menos balance bonaerense y más casting 2027. El MDF lo promocionó sin rodeos: “Axel le habla al pueblo”. No al pueblo de Berisso, ni al de Lomas, ni al de Bahía Blanca. Al pueblo argentino. El salto ya está en marcha.
Kicillof : "y ahora vamos a implementar el programa KUKA
— ElBuni (@therealbuni) March 3, 2026
Dogo cupa.."
Lo doma hasta el inconsciente kjj pic.twitter.com/TzKRX4DtpN
El eslogan “No sos vos, es Milei” funciona como terapia colectiva, pero también como paraguas político. Al trabajador despedido, al pyme, al comerciante, al universitario, al repartidor de app, a todos les ofreció la misma explicación: la culpa viene con membrete nacional. Nada de autocrítica estructural, nada de revisar la herencia del modelo que él mismo integró como ministro de Economía en 2014 cuando la inflación ya marcaba el ritmo y las reservas crujían. El relato es quirúrgico: la crisis empieza el 10 de diciembre de 2023 y antes era primavera productiva.
Denunció una “asfixia financiera” de 15 billones de pesos y acusó a la Casa Rosada de quitarle un tercio del presupuesto. Puede ser un reclamo legítimo en la puja Nación-Provincia, pero el tono fue de candidato en gira, no de administrador en negociación. Más aún cuando Buenos Aires arrastra problemas estructurales, inseguridad, déficit en infraestructura, presión impositiva alta, que no nacieron con Milei ni se explican solo por la motosierra libertaria.
Prometió una ley de producción pública de medicamentos (que ya había perdido estado parlamentario), regulación para trabajadores de plataformas, reforma policial y universalización de sala de tres años, anuncio que ya había realizado en 2024 sin ejecución efectiva. Más que novedades, hubo reestrenos. El guion incluyó también críticas a Luis Caputo y referencias a las “extremas derechas” globales. El tablero dejó de ser provincial hace rato.
El detalle escenográfico tampoco fue casual. Atril nuevo, llegada en auto, menos liturgia militante, tono “institucional”. No hubo foto multitudinaria afuera. El gobernador que antes caminaba entre banderas ahora prefiere parecer estadista. La estética acompaña la ambición: despegarse del kirchnerismo duro sin romper del todo, construir “alternativa nacional” mientras el senador Jorge Paredi exhibe remera con su rostro en los palcos. Todo muy orgánico, pero nada improvisado.
Kicillof polarizó con Milei desde el minuto uno. Se presentó como lo opuesto: moderado frente al grito, planificador frente al show, proyecto frente a improvisación. El problema es que la polarización es un arma de doble filo: cuanto más nacionaliza su figura, más queda atado a una eventual competencia directa. Si el duelo es en 2027, ya eligió ring.
En definitiva, la apertura de sesiones fue una plataforma. La Provincia como escenario y la Nación como objetivo. Kicillof ya no habla solo como gobernador: habla como aspirante. El mensaje fue claro, casi confesional: esto no termina en La Plata.








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