Política
Sigue el circo de las audiencias

Causa cuadernos: pese a las pruebas, el financista de "La Condenada" negó los negociados ilícitos con Julio De Vido

El financista que admitió ser nexo del sistema de recaudación ilegal ahora desconoce pruebas básicas, en un debate que vuelve a poner a Cristina Kirchner en el centro de la polémica. (Dibujo: NOVA)

En el juicio por los Cuadernos de las Coimas, el financista Ernesto Clarens volvió a escena con un libreto que combina arrepentimiento selectivo y negación estratégica.

Admitió haber sido un engranaje del sistema de recaudación ilegal que benefició al poder kirchnerista, pero al mismo tiempo negó conocer a Julio De Vido y rechazó como falsas las 376 comunicaciones que el expediente le atribuye con el exministro.

La pirueta no pasó desapercibida. Clarens, señalado como uno de los nexos entre empresarios de la obra pública y el matrimonio Kirchner, ahora condiciona su rol de colaborador. Claramente, en un burdo intento de reducir su condena. ¿Será suficiente para engañar a los jueces y fiscales?

Por el momento, su defensa sostuvo que no puede mantener el acuerdo como arrepentido si el requerimiento de elevación a juicio incluye datos que, según dicen, no se ajustan a lo pactado. Una curiosa forma de colaborar: contar el esquema, pero discutir las pruebas que lo rodean.

En su declaración original, el propio Clarens había detallado cómo recibía retornos de constructoras para hacerlos llegar al entonces secretario de Obras Públicas, José López, dentro de un mecanismo que funcionó durante años.

Todo eso ocurrió bajo gobiernos encabezados por Cristina Fernández de Kirchner, hoy condenada en la causa Vialidad, un dato que sobrevuela cada audiencia aunque algunos prefieran esquivarlo.

Mientras tanto, otros imputados denunciaron un uso extorsivo de la ley del arrepentido y hasta hubo un fallido llamativo de Alejandra Gils Carbó, exjefa de los fiscales del kirchnerismo, al referirse al fiscal del caso. El juicio avanza entre objeciones, ironías involuntarias y una certeza incómoda: los relatos se acomodan, pero la trama que compromete al financista y a la expresidenta sigue ahí, intacta.

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