Economía y Empresas
Chau industria

Milei juega al Monopoly con el país y regala todo en la primera vuelta con la aprobación del acuerdo con la UE

Tras más de 25 años de negociación, el Consejo Europeo aprobó el intercambio comercial con el Mercosur en un acuerdo que destruye la industria nacional mientras Milei festeja. (Dibujo: NOVA)

El gobierno de Javier Milei avanza ciegamente hacia la firma de un acuerdo de libre comercio entre el Mercosur y la Unión Europea que, lejos de ser un “salto histórico” para Argentina, profundiza sus debilidades estructurales y deja al país aún más desprotegido frente a potencias económicas globales.

Tras décadas de negociación, la Unión Europea y los países del Mercosur están a punto de concretar un tratado que elimina barreras arancelarias en la práctica totalidad del comercio entre ambos bloques, creando una gigantesca zona de intercambio con más de setecientos millones de consumidores.

Este tratado reduce o elimina aranceles sobre más del noventa por ciento de los bienes que se mueven entre la UE y Sudamérica, dejando a la economía argentina expuesta a la competencia internacional sin salvaguardas eficaces para sectores sensibles como la industria automotriz y el agro.

La decisión de Milei empuja al país a abrir sus fronteras a productos europeos más competitivos, con el riesgo de que la producción local no pueda sostenerse frente a la avalancha de importaciones.

Según los términos del tratado, el Mercosur liberalizará la mayoría de sus importaciones y también se compromete a bajar barreras para productos europeos, una jugada que puede beneficiar a grandes exportadores pero perjudicar a las pymes y a sectores productivos que luchan por sobrevivir.

Mientras tanto, las promesas de crecimiento y modernización que se esgrimen desde el gobierno son difusas y se apoyan en recetas de apertura indiscriminada que ya han demostrado debilitar economías con estructuras productivas frágiles como la argentina.

La eliminación masiva de aranceles no garantiza que Argentina capture una mayor cuota de mercados sofisticados en la UE; por el contrario, corre el riesgo de convertirse en proveedor de materias primas y alimentos primarios, replicando un patrón de dependencia histórica.

En el campo agrícola, aunque algunos sectores ven oportunidades de exportación, la falta de mecanismos fuertes para defender la producción local frente a la competencia externa podría terminar perjudicando a los productores más pequeños.

En industrias como la automotriz, la exposición a productos europeos sin aranceles escalonados amenaza empleos y encarece la balanza comercial.

En resumen, Milei no sólo firma un acuerdo sin protecciones claras para los sectores sensibles de Argentina, sino que además apuesta a una lógica de apertura total que puede profundizar la desindustrialización y la vulnerabilidad económica del país en un momento ya crítico.

La falta de una defensa firme de la producción nacional coloca a Argentina en una posición subordinada dentro de un tratado que, aunque promete mercados más amplios, podría traducirse en más dependencia y menos desarrollo propio.

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