Política
La casta eran ellos

Nos toman el pelo: los laburantes no pueden irse de vacaciones, pero Karina se ríe con la obra del marido de Bullrich

La secretaria presidencial, Karina Milei, junto con otros funcionarios de alto rango, fueron a ver el espectáculo teatral en el que actúa Guillermo Yanco, esposo de Patricia Bullrich. (Dibujo: NOVA)

Mientras casi la mitad de los trabajadores argentinos no pudo tomarse vacaciones durante el último año por falta de dinero, la cúpula del gobierno libertario parece moverse en una realidad paralela.

En las últimas horas, la secretaria General de la Presidencia, Karina Milei, se mostró distendida en la avenida Corrientes, asistiendo a una función teatral protagonizada por el marido de Patricia Bullrich, en una postal que expone con crudeza la distancia entre el discurso “anti casta” y las prácticas cotidianas del poder.

La hermana del presidente Javier Milei se tomó un respiro de la gestión para presenciar la obra ¿Qué somos?, protagonizada por Guillermo Yanco, esposo de la ex ministra de Seguridad. La velada tuvo aroma a encuentro político-social: junto a Karina Milei y Bullrich también asistieron el secretario de Cultura, Leandro Cifelli; la funcionaria Alejandra Monteoliva; y figuras del establishment político como Antonio De la Rúa. Todo, en el corazón de la noche porteña y lejos de cualquier gesto de austeridad simbólica.

La escena contrasta de manera brutal con los datos que surgen de estudios recientes sobre la realidad laboral en la Argentina. Según un informe de Bumeran, el 46 por ciento de los trabajadores no se tomó vacaciones en el último año y, entre ellos, el 56 señaló la falta de poder adquisitivo como el principal motivo. Es decir, millones de personas que trabajan no pueden acceder siquiera a un descanso básico, mientras el relato oficial insiste en que el ajuste es el precio necesario para “ordenar la economía”.

La brecha no es solo material, sino también cultural y política. Mientras el Gobierno reivindica la motosierra, celebra el fin del “Estado presente” y responsabiliza a los propios ciudadanos por su situación económica, sus principales referentes exhiben una agenda social propia de aquello que dicen combatir: salidas nocturnas, vínculos cerrados entre funcionarios y funcionarios, y una naturalización de privilegios que no están al alcance del ciudadano común.

Los números son elocuentes. Un informe de Zentrix Consultora revela que el 39,3 por ciento de la población no cuenta con recursos para viajar este verano y que el 77,6 por ciento de los argentinos asegura que su salario perdió frente a la inflación. El deterioro es tan profundo que el 64 por ciento se autopercibe hoy como clase media baja o baja. En ese contexto, el acceso al descanso se convirtió, según el propio informe, en un “umbral social que separa estabilidad de vulnerabilidad”.

Sin embargo, desde el oficialismo no hay señales de empatía ni de revisión del rumbo. Por el contrario, las imágenes de funcionarios disfrutando de espectáculos y eventos sociales funcionan como un recordatorio involuntario de que el sacrificio no es parejo. La “casta”, aquella a la que Milei prometió combatir, parece no haber desaparecido: simplemente cambió de discurso.

Mientras una parte creciente de la sociedad ajusta vacaciones, reduce escapadas a fines de semana largos o directamente se queda en casa por no poder pagar un pasaje, en las esferas del poder el ajuste no toca la agenda personal. La risa “sanadora” que celebra el elenco sobre el escenario de Corrientes contrasta con el malestar de una Argentina que trabaja más, gana menos y descansa cada vez menos.

El Gobierno que llegó prometiendo dinamitar privilegios empieza a exhibirlos sin pudor. Y en ese espejo, el relato libertario se resquebraja: no por una obra de teatro, sino por la desigualdad obscena entre quienes gobiernan y quienes apenas sobreviven.

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