Política
Acto desbordado mentalmente

VIDEO | Cierre de campaña o terapia de gritos: Milei insultó, lloró y pidió remises de forma desesperada para que voten

Moreno vio a un Milei desencajado y desesperado: gritos y enemigos inventados para tapar el empate técnico que el mismo anticipa. (Dibujo: NOVA)

En el club Villa Ángela de Moreno, el prescindente Javier Milei no cerró una campaña: abrió un reality. Micrófono en mano, disfrazó de “discurso político” lo que fue un maratón de gritos, insultos y metáforas violentas.

No hubo una sola propuesta concreta: solo un inventario de conspiraciones donde conviven ñoquis, presos, adoquines asesinos, boletas truchas y un kirchnerismo convertido en villano.

Arrancó agradeciendo a Karina Milei, “la coimera”, como si el partido libertario fuera una pyme familiar con sucursal en Balcarce 50. También se deshizo en elogios al kirchnerista Sebastián Pareja y a sus candidatos amigos. Y ahí apareció la perlita: la presentación de Luis "Timba" Caputo y de “Tronco”, el ex panelista de Fantino que ahora es parte del elenco oficial.

Después, Milei se puso en modo mártir. Recordó cuando “le tiraron un adoquín en Lomas de Zamora” y lo comparó con la muerte del fiscal Alberto Nisman, una mezcla tan irresponsable como brutal.

En su mundo, todo es una operación kirchnerista: desde el escrache en la Facultad de Derecho hasta el golpe que recibió un periodista de América esa misma noche, mientras él hablaba de “los violentos son ellos”.

La sección de insultos fue un show aparte. Alberto Fernández pasó a ser “la morsa impresentable”, Axel Kicillof fue “el enano soviético con traje de totalitario” y José Luis Espert remató con su clásico “inútil esférico”.

La paranoia electoral ocupó buena parte del monólogo. “Nos van a hacer fraude”, “nos roban las boletas”, “van a votar los presos”, “40 mil policías sin voto”, repitió con tono de profeta del fin del mundo.

Su conclusión fue tan insólita como reveladora: que cada bonaerense consiga “un auto, un remis o algo para ir a votar”, porque si no “ellos ganan”. La desesperación es total.

Pero el momento más delirante llegó cuando habló de la provincia. Pintó un Buenos Aires distópico: vecinos encerrados tras rejas, colectivos como zonas de guerra, barrios tomados por narcos y bonaerenses rezando para no ser “una gota más en el baño de sangre”.

Una postal catastrofica servida como diagnóstico político. Lo curioso es que, tras describir semejante infierno, la única salida que ofreció fue votar por él y gritar “¡Kirchnerismo nunca más!”.

El discurso se repitió en loops: la casta, los ñoquis, los parásitos, la estafa, los chorros, que voten... o voten. Un rosario de enemigos abstractos, sin un plan concreto para seguridad, salud o educación. Todo reducido a un “ellos son el mal, yo soy la libertad”.

En definitiva, Milei no cerró campaña: abrió un show conspiranoico donde confundió a la política con la catarsis personal. Y si este es su mensaje final antes de las elecciones, lo que queda claro es que su verdadera propuesta no es gobernar: es gritar.

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