Martín Vestiga, Lili Bertaria y la presa fácil que entrega Santiago Caputo
Sagaz como siempre. Intrépido e inquisidor. Adjetivos que sólo califican a Martín Vestiga, un asiduo colaborador de NOVA que vive trabajando y que, en sus ratos libres, investiga como pocos. Todo un adicto a su profesión.
En una cálida tarde en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA), el tránsito habitual de rumores encontró su epicentro improvisado: una vereda, un café agrupado de mesas y (cómo no) la colisión casual entre dos mundos.
Por un lado, el periodista de ceño inquisidor Martín Vestiga; por el otro, la operadora concheta libertaria Lili Bertaria, con aire de quien trae la última edición limitada del chisme político.
Lili Bertaria, acodada en la barra, le acercó al oído a Martín Vestiga un rumor servido con doble azúcar y sin filtro: la interna entre Karina Milei y Santiago Caputo (dijo Lili Bertaria) está a punto de hacer rodar cabezas de segundas líneas.
Según la versión que Lili Bertaria manejaba como si fuera un accesorio más del outfit, Santiago Caputo habría decidido desproteger y entregar al diputado bonaerense Agustín Romo.
¿La razón? Varias desprolijidades en el armado de Las Fuerzas del Cielo en la provincia de Buenos Aires y, encima, una que otra mala praxis logística que, en el lenguaje de Lili Bertaria, sonaba a “pecadillos de oficina electoral con olor a empanada fría”.
Martín Vestiga, con la calma de quien tiene un archivo completo en su libreta imaginaria, preguntó lo que siempre pregunta Martín Vestiga: “¿y esto quién te lo contó, Lili Bertaria?”.
Lili Bertaria hizo un gesto entre conspirador y teatral (ese que usan los que compran los domingos la primicia en cuotas) y le respondió que la fuente era de confianza, pero no tanto como para salir en un banner.
“Confianza con tacones”, añadió Lili Bertaria, que nunca pierde oportunidad para combinar metáforas con moda.
La escena siguió como una comedia de enredos: mientras Martín Vestiga se dedicaba a anotar mentalmente la posibilidad de una traición política con acento bonaerense, Lili Bertaria le detalló el plan promocional (o despromocional): dejar solo a Agustín Romo en la foto y en el tuit, sin staff, sin paraguas y con la agenda en “modo borrador”.
“Así, cuando la tormenta llegue, el único que se moja es el que ya no tiene quien le pase el mate”, bromeó Lili Bertaria, que tiene la ironía afilada como cuchillo de chef.
No faltaron los comentarios de Martín Vestiga acerca de la teatralidad del poder: “La política, dijo Martín Vestiga, es como un diván con wifi: todos hablan, pocos se confiesan y nadie actualiza la contraseña”.
Lili Bertaria asintió con esa sonrisa que mezcla suficiencia y deleite; en el mundo de Lili Bertaria, cada desprolijidad es una oportunidad para reubicar fichas y, de paso, para rodar algún escándalo liviano por las redes.
Al final, como en todo buen chisme porteño, quedó la certeza difusa y la foto mental: Santiago Caputo corrigiendo la agenda, Karina Milei afilando el ceño, Agustín Romo intentando entender por qué su custodio político se volvió invisible.
Y Lili Bertaria y Martín Vestiga, por supuesto, se alejaron (ella con tacones de rumor, él con lápiz de subtítulo) dejando la vereda sembrada de versiones listas para viralizarse.
Si algo aprendió Martín Vestiga esa tarde fue que en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires el rumor siempre llega primero a la mesa del café, pero la confirmación tarda en subirse al bondi.
Lili Bertaria, por su parte, volvió a su vida de operadora: lista para el próximo cameo, la próxima filtración y, sobre todo, la próxima sobremesa donde volver a ser la voz que susurra lo que todos querrían leer en letra mayúscula.








Seguí todas las noticias de Agencia NOVA en Google News









