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VIDEO | Diputados de Salta: El Tuty Amat le recetó un Rivotril a Cornejo y casi se pudre todo

Esteban "Tuty" Amat Lacroix, presidente de Diputados en Salta, y Roque Cornejo Avellaneda, enfrentándose en la Cámara.

La Cámara de Diputados de Salta volvió a ser lo más entretenido de la programación de la tarde: gritos, acusaciones y hasta consejos farmacológicos en vivo.

El presidente del cuerpo, Esteban Amat Lacroix, perdió la paciencia con el libertario Roque Cornejo (en realidad conservador de Ahora Patria), que se acercó en modo Máximo Kirchner al atril a reclamar lo que creía una injusticia parlamentaria.

La acción de Cornejo produjo un cruce de antología que incluyó la frase que quedará para la historia chica de la política provincial: “Diputado, tómese un Rivotril y siéntese”.

La trama arrancó con un pedido del oficialismo provincial para rechazar la censura contra medios periodísticos atribuida a Milei.

Como en una remake salteña de lo que ocurre en el Congreso nacional, los pupitres de los legisladores estaban empapelados con hashtags recordando los escándalos libertarios: Libra, coimas, fentanilo, quita de pensiones.

A pesar de todo la cosa venía tranquila hasta que Amat dio por aprobada el acta de labor parlamentaria. Ahí fue donde Cornejo saltó como paciente primerizo en el proctólogo ya que quería colar un repudio a las “agresiones” que había sufrido Javier Milei la semana pasada (Los auto percibidos libertarios locales ya no saben que hacer para que se los asocie al León, algo que de momento viene fracasando).

Un gesto de lealtad tardío por parte de Roque, ya que cuando tocaba plantearlo se lo vio más concentrado en el celular que en el reglamento. De este modo, el presidente de la Cámara, entre risas y fastidio, le recordó que había dejado pasar el momento: pidió la palabra cuando ya era tarde, como ese alumno que se acuerda de entregar la tarea cuando el profesor ya cerró la libreta.

Amat fue implacable: “El diputado vino a decir que iba a pedir la palabra y no lo hizo, estaba hablando por teléfono. Parece que no se animó al tratamiento sobre tablas, pero alguien en la otra línea lo convenció de insistir”.

Traducido: la política libertaria en versión teleoperador. El cuerpo votó y, obvio, rechazó el pedido sin siquiera pestañear.

La sesión retomó el cauce con la discusión del “Día del Futbolista Salteño”, un proyecto inofensivo que no debería alterar a nadie. Pero mientras el diputado Jorge Reston fundamentaba su voto, la cámara captó el verdadero show: Amat interrumpió para acusar a Cornejo de amenazar a quien tenía la palabra.

Y fue ahí cuando lanzó su receta magistral: “Le aconsejaría que tome un Rivotril y se siente en su lugar”. La frase viajó por el micrófono, salió por streaming y terminó de consolidar el bochorno como contenido premium para redes sociales.

Cornejo, rojo de ira, se alejó del atril mascullando bronca. Amat, ya embalado, remató con otra ironía: “Si lo mandaron a hacer circo o está mal, vaya a la enfermería a tomarse la presión. No lo veo bien. En manifestaciones va a poder hablar”.

El libertario se fue sin Rivotril, pero con un papelón más en la mochila.

Lo curioso es que mientras se tiraban dardos en el recinto, los temas de fondo pasaron a un tercer plano. Porque en lugar de discutir políticas públicas, la Cámara salteña regaló un show digno de rating nacional: un presidente de cuerpo con lengua filosa y un opositor que confunde la defensa institucional con un acting de pasillo. El resto, como siempre, aplaudió o miró para otro lado.

Lo ocurrido pinta de cuerpo entero la decadencia de un Parlamento que cada semana se parece más y más a “un Cabarulo”. En vez de debate, sobran berrinches; en lugar de acuerdos, pastillas ansiolíticas recomendadas en vivo.

Y así, entre gritos, teléfonos celulares y hashtags impresos, la política provincial sigue escribiendo capítulos para el olvido. Más que sesiones ordinarias, de algo que es “común”, ya son “ordinarias” por el calibre de quienes sesionan. Todo para el olvido.

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