Viven en Narnia: el peronismo piensa que gana las elecciones aunque pretenden no festejar todos juntos
La recta final de la campaña bonaerense expone con claridad la estrategia del peronismo: más que por mérito propio, la alianza Fuerza Patria se sostiene en los errores y tropiezos del Gobierno nacional.
Los referentes del espacio reconocen que la expectativa de triunfo creció en las últimas semanas, no por propuestas superadoras ni gestión, sino por el escándalo de corrupción que golpea a La Libertad Avanza y que involucra la compra de medicamentos destinados a personas con discapacidad.
Según Aresco, consultora de Federico Aurelio muy afín al gobierno, el peronismo está dos puntos arriba de LLA y la izquierda supera el 6% para las elecciones bonaerenses del próximo domingo. pic.twitter.com/UVRb55blLi
— Diego Batlle (@dmbatlle) September 3, 2025
Los dirigentes peronistas celebran el retroceso del oficialismo, aunque en privado admiten que llegan a las urnas arrastrando sus propios conflictos. Las internas entre Axel Kicillof, Máximo Kirchner y Mayra Mendoza impiden definir un comando de campaña unificado y hasta ponen en duda la posibilidad de un búnker compartido para la noche electoral.
Un ministro bonaerense resumió sin rodeos la apuesta: “Hay expectativa de ganar, no porque enamoremos, sino porque somos la herramienta para frenar a Milei y porque los problemas esta vez los tuvieron ellos”. La frase refleja la falta de autocrítica y el oportunismo de un peronismo que intenta disimular sus fracturas detrás de la crisis ajena.
La dirigencia confía en retener el control de la Tercera sección, el histórico bastión del PJ, y obtener resultados aceptables en la Primera y en La Plata. Sin embargo, reconocen que el escenario en el interior bonaerense es más adverso, con el crecimiento de alternativas como Somos, el frente integrado por radicales, peronistas alejados del kirchnerismo, macristas disidentes y vecinalistas.
Las propias bases admiten que la campaña carece de propuestas y se apoya únicamente en el rechazo a Javier Milei. La economía en caída libre, la falta de unidad en la conducción y los permanentes escándalos de corrupción exponen la fragilidad de un peronismo que busca sostenerse en su estructura territorial más que en una verdadera capacidad de renovación.
Mientras Kicillof prepara cierres de campaña en la Primera, la Tercera y La Plata, en el entorno de Mayra Mendoza reclaman por no haber sido incluidos en la coordinación de actividades.
Las diferencias se trasladan también al conteo de votos: hasta el momento, no hay acuerdo sobre un centro de operaciones común, lo que vuelve a poner en evidencia las divisiones en un espacio que, pese a hablar de unidad, sigue fracturado en su propia interna.








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