Política
Exclusivo de NOVA

El "Plan Platita" de Kicillof para los intendentes: les ofreció 250 mil millones para que le aprueben el endeudamiento

La foto de unidad es apenas una tregua carísima en un movimiento donde la desconfianza es la única moneda corriente y el "toma y daca" de cargos expone un fin de ciclo. (Dibujo: NOVA)

Si hay algo que el peronismo bonaerense sabe hacer mejor que gobernar, es negociar sus propias miserias a cielo abierto. Este lunes, la Casa de Gobierno en La Plata fue escenario de una de esas puestas en escena que intentan disimular con fotos lo que la realidad grita en los pasillos: el oficialismo provincial es un archipiélago de desconfianzas mutuas donde la unidad no se construye con lealtad, sino que se compra al contado.

El gobernador Axel Kicillof, acorralado por la necesidad de aprobar un endeudamiento colosal de 3.035 millones de dólares, tuvo que capitular ante sus propios "compañeros". La foto con intendentes y legisladores, diseñada para mostrar un frente interno abroquelado, es en realidad el recibo de un pago carísimo: 250 mil millones en efectivo para los jefes comunales.

El "Plan Platita" de la política

La génesis de este fondo pinta de cuerpo entero el estado de situación. Kicillof, con una ingenuidad política que a esta altura ya parece negligencia, había propuesto originalmente que los intendentes recibieran el 8 por ciento de la deuda que la Provincia lograra tomar en el futuro. Los barones del conurbano, olfateando la debilidad del gobernador y la incertidumbre financiera, le dijeron que no. No quieren promesas a diciembre de 2026; quieren la caja ahora.

El resultado es este fondo de 250.000 millones garantizados, independientemente de si Kicillof consigue o no los dólares en el mercado. Es la victoria del pragmatismo territorial sobre la planificación centralizada. Los intendentes, desde los dialoguistas hasta los camporistas que reportan a 'Wado' de Pedro (como Selci o Ustarroz, presentes ayer para marcar la cancha), saben que hoy Kicillof los necesita más a ellos que ellos al gobernador.

El gran bazar legislativo

Pero el dinero es solo una pata de esta mesa ratona. La sesión del miércoles en la Legislatura, donde el kicillofismo busca los votos, se transformó en un gran bazar persa donde todo tiene precio. "Acá el problema está adentro", confesó con brutal honestidad uno de los intendentes presentes en el Salón Dorado, desnudando que la verdadera oposición a Kicillof muchas veces duerme en su propia tropa.

La negociación incluye un capítulo vergonzoso para la institucionalidad: la reforma de la Carta Orgánica del Banco Provincia para aumentar de 8 a 12 los directores. No hay una razón técnica que lo justifique, solo la necesidad de crear cuatro sillas nuevas —con sueldos millonarios y fueros políticos— para repartir entre la oposición a cambio de votos para el endeudamiento.

Es el famoso "loteo" del Estado llevado al paroxismo. El peronismo, temeroso de perder la mayoría en el directorio, negocia cargos de "suplentes sin voto" y hasta "auditores" creativos para conformar a todos. Del otro lado, el PRO muestra sus propias fracturas entre el "ritondismo", siempre dispuesto al canje de gobernabilidad por espacios, y el sector de Diego Santilli, que entra en crisis ante la contradicción de pactar con el kirchnerismo mientras se acerca a Javier Milei.

La pelea por el martillo

Como si este cambalache no fuera suficiente, la desconfianza mutua traba la definición de las autoridades de la Legislatura. Sergio Massa, siempre jugando tres partidas de ajedrez simultáneas, quiere retener la presidencia de Diputados mediante un "doble comando" entre Alexis Guerrera y Alejandro Dichiara. El problema es que Dichiara, el supuesto socio, ya abandonó el barco de los intendentes para alinearse con Máximo Kirchner. La lealtad en el PJ dura lo que tarda en llegar una oferta mejor.

Kicillof, en un intento tardío por ganar autonomía política, impulsa a Mariano Cascallares. Sería la primera vez que el gobernador logra poner a alguien propio (un intendente electo por su lista) al frente de la Cámara Baja. Una muestra cabal de lo ajeno que le ha resultado el territorio legislativo durante cuatro años.

El Ejecutivo quería patear esta discusión para después de votar la deuda. Los legisladores, propios y ajenos, dijeron que no. Quieren el "acuerdo macro": la plata, los cargos en el Banco y los sillones de la Legislatura, todo junto en el mismo paquete. La desconfianza es total. Nadie le fía nada a nadie.

Mientras tanto, Kicillof declaró este lunes, casi en un acto de fe: "La Legislatura debe decidir en favor del orden económico y social... Esto debería ser un trámite". Una frase que suena desconectada de la realidad de un peronismo que ha convertido la gestión pública en una permanente y extenuante negociación de rehenes, donde el "trámite" más sencillo cuesta 250.000 millones y cuatro directorios de banco.

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