Interior del país
Ricardo Villada, el mimado del gobernador

El ministro salteño, que nunca viajó en bondi, dice que un aumento de 20 pesos es razonable

Ricardo Villada, ministro de Gobierno de Salta, un mimado del gobernador Gustavo Sáenz.

Mientras la escasez del gasoil pareciera afectar a muchos sectores como el transporte público de pasajeros, turismo o la agricultura; hay otros que no tuvieron problemas para seguir con su vida con absoluta normalidad. Y sí, su sector, el político, no se vio perjudicado en nada. Mientras los ministerios de Seguridad y de Salud suplicaban que el combustible alcance para que no dejaran de funcionar ambulancias y patrulleros, funcionarios como el ministro de Gobierno, Ricardo Villada, tienen asegurado distintas provisiones de diésel para seguir movilizándose en vehículos oficiales.

Desde hace muchos, muchos años, el actual funcionario dejó de centrarse en la actividad empresarial a la que estuvo abocado en alguna parte de su vida, para dedicarse de lleno a la función pública. En sí, lo de función es solamente un adorno ya que en "la cosa pública", como prefieren llamarlo algunos, son más los casos de personas poco funcionales que solamente ocupan un cargo por un amiguismo, por tratos previos o por algunos beneficios que pudieran tener las partes interesadas.

Villada entró de lleno a la política en 2013 cuando su nombre resonaba en el sector empresarial tras su paso por la titularidad de la Cámara de Comercio e Industria de Salta, o por dirigir desde mediados de los 90 el Consorcio Zona Franca (COZOFRA) en donde estaban apuntados otros grandes empresarios como los propietarios de HyR Maluf, una antigua casa de electrodomésticos ya desaparecida; la Central Térmica Güemes o el judío y ex titular de la DAIA Salta, Mario Katz, empresario de motocicletas (Kamar Sport Plaza, distribuidor oficial de Yamaha en el NOA).

Ese año obtuvo la tan ansiada banca como concejal por el Frente Salteño (partido ligado a referentes como Javier David, Raúl Romeo Medina y Guillermo Durand Cornejo, entre tantos) y, tras ingeniosas maniobras del entonces intendente Miguel Isa, logró obtener la presidencia del Concejo Deliberante con 11 votos a favor y 9 en contra, todos los últimos del Partido Obrero que arrasó en las urnas, pero quedó fuera de los armados. De allí renovó el período en 2015 y, en 2017, intentó escalar a la Cámara de Diputados con partido propio y se quedó con las ganas de obtener una banca.

A los pocos meses, el intendente de Salta por aquellas épocas, Gustavo Sáenz, lo convocó al Centro Cívico Municipal para darle un premio consuelo y nombrarlo como reemplazante de Luis María García Salado (hoy titular de Aguas del Norte) en el cargo de Secretario de Gobierno municipal. Desde allí, Ricardo no se alejaría de los brazos de su líder político quien, tras ser electo gobernador en 2019, le confirió el cargo de ministro de Gobierno, el que ocupa actualmente.

En todos estos años, poco más de 8 para ser precisos, Villada no tuvo que volver a pasar por las situaciones que más del 50 por ciento de la población salteña atraviesa. Si bien era un empresario reconocido y hasta exitoso, el vivir de la función pública (desviando agüita para el molino propio, obvio) le dio beneficios como el manejar grandes montos en el Concejo o los polémicos "gastos reservados" (que hoy están siendo criticados tras la "patinada" de Madile), o contar con movilidad exclusiva, chofer incluido, con combustible pagado por el Estado; que somos todos.

Palabras menos, Villada hace rato que no pisa un bondi. De hecho, ni existía SAETA cuando "Pinocho" se trepó por última vez a un 1114 con un abono. Entonces, ¿qué puede saber de razonabilidad alguien que no tiene que padecer el transporte público salteño? A esa pregunta, importante, hay que sumarle el alto sueldo que percibe como funcionario, los beneficios del sector privado, y que los gastos de traslado están cubiertos por salteños que el día que aumenten el boleto a más de 60 pesos en la ciudad, deberán dejar de comer algunas tortillas diarias o verán menos comida sobre sus mesas ya que los sueldos, aparte de bajos, no se actualizan tan razonablemente. Villada, otro trucho que bancamos entre todos.

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